Archivo de la categoría: Personal

La historia de Rita, mi amiga de cuatro años

La conocí en septiembre. La segunda quincena. Estábamos en una ludoteca en el colegio y, cada día, coincidíamos la última hora.

—¿Cuántos años tienes, Rita? —le pregunté el primer día.
—Cuatro —dijo con una claridad pasmosa para su edad. Pronunció cada sílaba, cada letra.
Algunos compañeros de su clase lloraban un poco al ver que no se podían ir a casa. Ella los miraba muy seria.
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Querida vida: ya está bien

Amanece y es viernes. Te das la vuelta en la cama y piensas que, como es viernes, deberías estar de buen humor. Pero no lo estás. Cierras los ojos y no vuelves a dormirte aunque es demasiado temprano.

Te levantas. “Venga, puedes”, te dices. Empiezas la rutina, la nueva rutina que llevas desde hace ya casi un año. Todo igual pero distinto. En mi caso, desayuno, recojo, limpio y me siento a escribir.

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vela

Navidad: inténtalo, pero no te agobies

No pretendo venir aquí a dar consejos, faltaría más.  No daría jamás un consejo si no me lo han pedido. Solo quería contar cómo estoy intentando afrontar esta navidad extraña que se acerca, por si a alguien pudiera servirle de inspiración. O servirle a secas.

Hace días que mucha gente cercana me cuenta que duerme mal, o que se despiertan en mitad de la noche y así se quedan, sin lograr volver a conciliar el sueño. Que tienen dolores de cabeza. Yo misma no dejo de tener migrañas, y eso que estoy en época de tratamiento con mi neuróloga, si no, no quiero ni imaginármelo… Y a mí me parece, sin ser adivina ni psicóloga, que esto tiene que ver con los días raros que estamos viviendo. Que más que días son meses. No paramos de hacer como que no pasa nada, como que todo está bien, sabiendo que no lo está.

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autumn

Y llegó noviembre: mi planta de navidad no es roja

No quiero abandonar mi blog, por eso a veces vuelvo aquí a plasmar ideas inconexas tal vez, a hablar de todo y de nada, a sentirme en casa. Me pregunto cómo estáis. Ojalá la respuesta sea: “bien”.

Quería contar que mi planta de navidad (flor de pascua o poinsettia) está más grande que nunca, eso sí, está verde verde, no sé si lograré que se ponga roja para navidad, pero como por lo visto no suelen durar tanto y la mía ya tiene casi un año entero, que siga viva es una gran noticia, anque sea verde.

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aula joven

Volver a volver

Mascarilla, gel, otra mascarilla por si la primera se estropea, otra por si la segunda se estropea, otra más, esta es un KN95 (espero que “de las buenas”) para el metro. Ilusión, ganas y J. que me lleva en moto al punto de encuentro de mi primer día. La vuelta, al cole por ahora no, pero sí la vuelta al trabajo, el reencuentro con los compañeros, con los niños, en el mejor sitio del mundo para trabajar el ocio y tiempo libre en estos días raros: un parque.

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mar rojo atardecer

Cuando la mente se evade: recuerdos, pasado y futuro

Este blog se ha convertido en un lugar de lo más versátil. Lo mismo te digo que tengo un aceite para el pelo nuevo que me encanta, que te hablo de bikinis porque alguien me lo pide o te cuento cómo llevamos el confinamiento o lo que sea de la vida. Hoy, viendo fotos, me he acordado del último día que J. y yo pasamos en la playa. Fue en el Mar Rojo, en Áqaba. Y me ha apetecido escribir sobre ello. Sobre entonces y sobre ahora.

Puedo decir que el día que pasamos en Áqaba fue uno de los mejores del viaje a Jordania. De hecho, de haberlo sabido antes de planear la ruta no hubiéramos puesto un pie en el Mar Muerto y nos habríamos quedado allí un poco más. El día en Áqaba fue un día de calma, de paz, de descanso. Pasamos casi todo el tiempo a orillas del Mar Rojo, en la playa, y a lo lejos veíamos la costa de Egipto.

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diente de leon

En estos días extraños: he aprendido a creer

En estos días extraños me han pasado cosas. Como a todos. A todos nos han pasado cosas. También he descubierto otras cosas. En fin, es lo que viene siendo la vida, pero cuando estamos encerrados por lo visto te das más cuenta de todo lo que pasa, de todo lo que te pasa. Tus sentidos se agudizan, o algo así. Hoy me apetecía escribir un poco de todo esto.

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mujer

Libertad de opinión o estupidez

Hoy he tenido la discusión número no sé cuál en redes. Esto me cansa. Mucho. Estos días todo el mundo sabe mucho de todo, todo el mundo tiene la opinión política correcta, todo el mundo tiene la sapiencia absoluta y los demás no.

El antiintelectualismo es el culto a la ignorancia. Ha sido una constante en nuestra historia política y cultural, promovida por la falsa idea de que la democracia consiste en que “mi ignorancia es tan válida como tu conocimiento”.. – Asimov

Es curioso que esto me pasa casi el 90% de las veces en Facebook. En Twitter es mucho más fácil bloquear y olvidarse, pero en Facebook, como sueles tratar con “amigos de amigos” más o menos reales cuesta un poco más.

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madrid noche

La alegría en confinamiento, o no

Desde el día en el que nos encerramos/nos encerraron y empezamos a crear nuestra nueva realidad presente y futura, en la azotea de enfrente hay unas sábanas tendidas que nadie recoge. Mi teoría es que son las sábanas de unos chavales chinos que vivían enfrente de nuestro piso. Por las noches, antes de todo esto, los veíamos en su salón, mirando la tele, cenando, charlando. Fue encerrarnos y desaparecieron. Su salón ahora está siempre vacío y a oscuras. Javi dice que esas sábanas son el “símbolo de nuestra desgracia”.
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Lo de volver a la normalidad y esas cosas – y aquí seguimos, encerrados

Tengo la sensación de que todo empieza a ser un poco absurdo, hasta este blog. Aquí, estos días he escrito posts de desahogo personal (que es como el “desarrollo personal” ese tan famoso pero al revés, digo yo) y he escrito también algún que otro post de algo patrocinado. Y es que alguna que otra marca sigue queriendo que escriba cosas patrocinadas. Oye, bien, gracias, si hay que contribuir al absurdo contribuyamos.

Así que hoy me apetece hablar de trabajo y trabajar. O de no poder hacerlo.

Mi trabajo de profesora de teatro no existe ahora. Nada. No doy clases. No tengo alumnos. Bueno, los tengo, espero que sigan siendo mis alumnos, pero ahora están en sus casas, no nos vemos, no ensayamos. Como ya dije, los echo mucho de menos, pero no hay remedio por ahora.

Y mi lista de cosas que echo de menos del día a día y del trabajo crece y crece:

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