Eran las 4 de la mañana del sábado cuando salté de la cama y, de pie, le pregunté a la nada a oscuras que cómo era posible.
—¿Todavía sigue el tío? ¿No se piensa callar? ¿Pero qué le pasa a la gente?— Con el pijama puesto y la cara de llevar intentando dormir desde las 00:00 salí al pasillo. Javi, que también estaba despierto, me miraba con asombro.
Me calcé las botas que tengo en la entrada, cogí el primer abrigo que pillé y me lo puse encima del pijama. Estaba dispuesta a abrir la puerta cuando Javi me paró y me preguntó que dónde iba.
