Dirty Dancing feminismo

Dirty Dancing, Johnny y Baby, Patrick Swayze y Jennifer Grey: el feminismo escondido y más

En agosto, cada año, vivimos el aniversario del estreno de Dirty Dancing, la película en la que Patrick Swayze y Jennifer Grey conquistaron el mundo y a la audiencia de todas las edades, la película que se convirtió en una de las primeros musicales feministas (sin que nadie lo notase mucho). Y como estamos en agosto, me apetece escribir y, además, soy una de las mayores fans de la película, hoy vengo a contarte cositas y a recordar otras sobre Dirty Dancing, sus protagonistas, la relación que hubo entre ellos y cómo esta película sigue sobreviviendo como un clásico inimitable casi cuarenta años después de su estreno.

vhs dirty dancing 80

Corría el verano del 87, un grupo de adolescentes nos reuníamos en el piso de los padres de una de las chicas de la pandilla. Alquilamos une peli para un recién estrenado VHS y juntamos un montón de chuches. Escogimos Dirty Dancing porque nos gustaba la música, los bailes y porque parecía que iba a ser una historia de amor. En mi pandilla de entonces, tanto chicos como chicas amábamos la música, preparábamos coreografías para celebrar los cumpleaños, nos regalábamos cintas de cassette, pasábamos las tardes de verano en el barrio en pandilla, charlando sin más, comiendo pipas, polos flash e incluso planeando guateques, «a lo retro», como los que sabíamos que hacían nuestros padres décadas antes. Así que no fue rara la elección.

Le dimos al play, y las chuches fueron pasando de mano en mano mientras el silencio se hacía dueño de aquel salón en el que casi no cabíamos, porque éramos un montón; algunos hasta nos tuvimos que sentar en el suelo. Recuerdo que aplaudimos con el final, gritamos, y que, sin dudarlo, decidimos rebobinar la cinta y darle al play otra vez para volver a verla antes de devolverla. Qué tarde más buena echamos…

Décadas después, Dirty Dancing, la original, la de Johnny y Baby con Patrick Swayze y Jennifer Grey, sigue ocupando mi corazón y siendo una de mis películas favoritas. Quizá porque está metida tan hondo entre mis recuerdos, que es imposible que deje de serlo. Pero también, conforme los años han pasado y he ido leyendo sobre el rodaje, los actores y las anécdotas, la he ido amando más y más.

Patrick Swayze y Jennifer Grey no se odiaban, se llevaron bien

Sí, todo el mundo dice que Patrick Swayze y Jennifer Grey se llevaban mal, que se odiaban. Y esto tenía su parte de verdad y su parte de querer vender un poquito más la película. ¿Cómo vamos a pensar que se odiaban estos dos seres de luz? Si lees las memorias de Jennifer, encuentras que no era para tanto. Sí, hubo roces porque rodaron otra película antes y discutieron un montón en ella, y Jennifer no quería volver a trabajar con él. Pero Patrick, profesional y encantador, antes de empezar a rodar se le acercó sabiendo cómo estaba el tema, ya que quería que el rodaje saliera adelante, que todo fuera bien, y… Mejor dejo que lo cuente Jennifer:

Patrick me llevó aparte, al pasillo, y me dijo: «Te quiero, te quiero y lo siento muchísimo. Y sé que no quieres que haga la película». Se le llenaron los ojos de lágrimas. Y a mí también se me llenaron los ojos de lágrimas, aunque no por la misma razón. Pensé: «Vaya, este tío quiere embaucarme». Y él me dijo: «Podríamos arrasar, Jennifer. Podríamos arrasar si hiciéramos esto juntos», y yo le respondí: «Vale, cariño». Entramos allí y me abrazó, y yo pensé: «Ay, chico. Vale, ya está». Y ahí terminó el mal rollo. – Jennifer Grey (traducción libre)

Esto no tiene nada que ver con química, ni amo romántico. Los dos tenían pareja, pero terminaron con sus rencillas para trabajar bien juntos. Aclarado esto, para siempre, espero, ya que es ella la que lo dice, hago un pequeño recordatorio de por qué casi no ruedan la película.

Hollywood no quería una película de mujeres para mujeres (la historia de siempre)

Hoy seguimos riéndonos con la frase de «traje una sandía» y nos emocionamos con el «no permitiré que nadie te arrincone, Baby», pero hay mucho más aquí, mucho mucho más. No solo estamos ante un film con una banda sonora increíble, llena de romances de verano, con un Patrick Swayze con look de profe de baile, malote y guapo y una Jennifer Grey interpretando una Baby, niña rica, impecable. Estamos ante una película que Hollywood no quiso que se grabase, impulsada por dos mujeres que tuvieron que luchar y defender sus decisiones ante toda la industria, sin tregua (sobre todo la subtrama del aborto, y este tema, todas lo sabemos, sigue siendo actualidad hoy)… Creo que esa lucha mereció la pena, porque gracias a ella la historia de Baby, esa joven de familia rica que pasa el verano de 63 en un resort de verano inspirado en los Catskills y se enamora perdidamente de su profesor de baile, pudo ver la luz y convertirse en legendaria.

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Y así podemos hablar de Eleanor Bergstein, la guionista, que ficcionó de cierta forma su propia vida en la historia. Resulta que a ella también la llamaban Baby cuando era una adolescente, su padre, como el de la protagonista, era médico, y su familia también solía veranear en los Catskills. También tuvo sus sesiones de dirty dancing, esas quedadas de jóvenes en lugares escondidos lejos del conocimiento y vista de sus padres, donde bailaban y se divertían con la música del momento. Esa fue su inspiración para escribir la historia. Luego, contó con el apoyo y con ciertos retoques que Linda Gottlieb, su amiga y productora, la otra mujer tras el éxito.

Les costó la vida encontrar el dinero para producirla. Estábamos en época de películas muy diferentes a esta, y los estudios solo querían taquillazos con otro perfil muy alejado del de Dirty Dancing. Gottlieb habla de esto en el documental The movies that made us de Netflix, y esto me fascina: «Le tenían mucho miedo a una película para chicas».

No solo estaba escrita por una mujer, es que también se centraba en el deseo de las mujeres. Todos los grandes estudios, uno por uno, rechazaron el guion. Dijo Gottlieb que fueron más de cuarenta cartas de rechazo las que recibieron. Al final, Vestron, una compañía conocida por el vídeo doméstico que acababa de entrar en la producción y distribución cinematográfica, decidió apostar por ellas. Recibían guiones rechazados y este les fascinó.

Con 5 millones de dólares (poquísimo), un director sin experiencia en largometrajes y unas localizaciones que nada tenían que ver con los Catskills, (El resort Mountain Lake Lodge de Virginia), rodaron durante 43 días. Increíble.

Baby no es solo «la chica que se enamora del bailarín»

La película no se centra en una fantasía convencional básica de chica rica conoce a chico guapo de clase trabajadora, se enamoran y ya está. Baby tiene un proyecto de vida propio antes de conocer a Johnny. Quiere estudiar Economía, habla de incorporarse al Cuerpo de Paz y está muy preocupada por las desigualdades sociales. Quiere cambiar el mundo.

Johnny no se convierte en su destino, conocerlo será una experiencia que forma parte de su crecimiento.

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Eso es importante porque la película no termina con: «Baby ha encontrado al hombre de su vida», en la pelicula, Baby sabe quién quiere ser y conoce mejor la realidad en la que vive cuando su verano termina.

El cuerpo femenino deja de ser algo que otros controlan

Aquí está probablemente una de las partes más interesantes. Baby empieza la película con una idea muy ingenua respecto a las relaciones con los hombres. El mundo que la rodea está lleno de normas sobre lo que una chica «decente» debe hacer. Y la película nos habla de relaciones en las que no se castiga a la protagonista por desear.

Baby se enamora de Johnny, siente deseo, tiene una relación íntima con él y la película lo normaliza. En 1987, esto es algo importante, nuevo, rompedor y necesario.

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Y hay un detalle todavía más importante: Baby toma decisiones sobre su cuerpo desde el primer momento, decide lo que quiere y desea, mostrando sus deseos.

La historia de Penny es fundamental

Penny se queda embarazada y no quiere tener ese hijo. El problema es que el aborto al que se somete es clandestino y lo realiza sin garantías, sin seguridad médica. Baby, nada más enterarse de su situación, hace algo por ella. Logra el dinero para que Penny pueda acudir a lo que ellas creen que es un médico competente. Sororidad en estado puro. Pide el dinero a su propio padre. Al final, debe enfrentarse a su padre, descubrirle el verano que está viviendo, y se enfrenta a él para conseguir ayuda.

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Además, la película enseña algo muy incómodo: Penny puede ser una mujer que mantiene relaciones con hombres, sexualmente activa, pero cuando queda embarazada las consecuencias sociales y económicas recaen sobre ella.

Baby desafía a su padre

El padre de Baby representa la autoridad. Es un hombre adulto, médico, padre, económicamente privilegiado y convencido de saber qué es lo mejor para sus hijas. Baby confía en él ciegamente cuando empieza la película. Cuando descubre que se atreve a juzgar a Penny y a Johnny y a los trabajadores del hotel desde su posición de clase, deja de obedecerle.

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Y este es el arco de la película. Obediencia, cuestionar, decidir. Porque empieza a pensar por sí misma.

La cuestión de clase

Baby pertenece a una familia acomodada. Johnny y Penny trabajan en el hotel. La relación entre Baby y Johnny rompe las fronteras de clase y, además, es Baby quien entra en el mundo de Johnny, aprende sus códigos y descubre que la gente que su padre considera «inferior» tiene vidas, problemas y dignidad propias.

Por eso el feminismo de Dirty Dancing está ligado a una gran crítica de clase y poder.

Baby, cuando termina la película, es menos ingenua y conoce mejor el mundo que la rodea. Y esto, para una peli romántica de los 80, es enorme.

El rodaje estuvo marcado, como hemos visto, por un presupuesto muy bajo, los actores vivieron jornadas interminables, ensayos imposibles, las creadoras tuvieron que batallar además por lograr los derechos de las canciones que querían para la banda sonora. Pero al final, lo lograron: Un 21 de agosto de 1987, en EEUU, se estrenó y, muy poco tiempo después, se convirtió en la película independiente más taquillera de la historia hasta ese momento. Y, cómo no, ganó un Oscar a la Mejor Canción Original por (I’ve Had) The Time Of My Life.

Lejos, muy lejos, en un pueblecito de Córdoba, conquistaba el corazón de una padilla de adolescentes, chicos y chicas que acababan de terminar EGB y tenían toda una vida por delante; probablemente contemplaron el mundo de otra forma después de ver la peli y cantar a coro el I’ve Had The Time Of My Life.

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