La felicidad existe, ¿tú te la crees?

Hoy vengo a reivindicar la felicidad, porque sí, porque me apetece, porque creo que a veces es necesario, hasta en día aciagos como estos, o mejor dicho, porque estamos en días aciagos como estos. Sé que me va a salir un texto desordenado, lo presiento. Intentad perdonarme, a veces pasa.

He leído ya varias veces que la felicidad extrema no es real, y quería discutir un poco sobre esto. A ver a ti qué te parece. ¿Existe o no existe la felicidad suma en la vida real? Parto de esa pregunta como premisa. Ojo, no soy filósofa, ojalá, esto van a ser solo reflexiones que se me han estado acumulando en la cabeza estos últimos días. Necesito soltarlas, tal vez te guste leerlas.

¿Hay algo más real que la felicidad?

Veamos:

A mi cáctus se le rompió una rama. La puse sobre la tierra al lado del propio cáctus. Ayer le salieron flores a esa rama rota. Créeme, lo que sentí al ver esas flores amarillas fue felicidad. Una felicidad muy grande. Y fue verdadera. Yo me la creí porque la sentí.

Mi prima me envió un audio de varios minutos hablando de nuestras cosas. No la veo hace más de un año. Ese audio me hizo sentirme feliz. Con todas las letras. F-E-L-I-Z

Un persona anónima, desconocida para mí, hizo una crítica de Sol de julio magnífica. La vi en Amazon, me la encontré. ¿Cómo me sentí al leerla? Feliz.

Un cumpleaños familiar hace muchos meses. Juntos, comida rica, recuerdos compartidos, brindis. ¿Qué era esto? La felicidad.

Saber que vas a reencontrarte con una amiga.

Hace varias décadas, convivencia con mis primas. Con todas, no todas a la vez pero sí con todas y cada una de ellas, durmiendo juntas o no, compartiendo tardes en casa de la abuela, o en una piscina, o en la calle, día tras día, sin problemas, riéndonos, inventando. Eso existió, eso pasó, y fue de verdad. Y ahí encontramos la felicidad.

Los recreos en el instituto, las horas libres, todos juntos, contándonos dramas cotidianos pero siendo felices sin saberlo.

Una mañana paseando por Harajuku, Tokyo. Una tade en un templo de Kyoto. La dicha más absoluta y veraz.

Un paseo largo, tranquilo, con los árboles floreciendo o el otoño pintando las ramas de naranja. Felicidad calmada, llena de realidad.

Un verano adolescente, amigos en una parcela, piscina, luchas en el agua, sol, toallas, ¿cuándo volvemos? Éramos muy afortunados. Y felices. Y duraba todo el verano, sin interrupción. Y pasó.

Un viaje de estudios. El autobús, el avión, el hotel, las excursiones, todo con amigos, con compañeros, viviendo el aquí y el ahora. Haciendo fotos que había que revelar. Tuvimos mucha suerte, sentíamos la fortuna, vivimos la alegría.

Una tarde en el colegio en la que me encuentro con Rita. Minutos llenos de dicha.

Un atardecer.

La lluvia mojándote el pelo.

Los pies descalzos sobre la arena caliente.

Agua bien fría cuando tienes sed.

El cielo azul.

La risa de un amigo.

Una película que te llega.

Una playa desierta.

El desierto con gente.

Escribir una mañana entera y olvidarme de todo. La felicidad creada que se adueña de mí, que me acerca a la luz y que después es compartida por los demás cuando tienen el libro entre sus manos. Hacer feliz a alguien durante 370 páginas. Ha sucedido, es increíble pero es cierto. Y hacer feliz a otro también es la felicidad.

Porque las cosas bonitas existen, porque la realidad no tiene que tener oscuridad siempre, de hecho mientras menos tenga mejor para todos. Algún día voy a escribir una tragedia, así con muertes, con rupturas dolorosas, muchos traumas, duelos, decaimiento. Para luego renacer y llegar a la felicidad. O mejor no, por ahora no estoy preparada y además no me hace falta en este momento vital, los quebrantos ya nos rodean cada día. Para eso ya tenemos autores magníficos a los que recurrir. Y leyendo sus dramas soy feliz, qué paradoja.

¿Y tú? ¿Crees en la felicidad? Ojalá que sí.

Si necesitas leer un poco de queja aquí tienes un post en el que regaño a la vida, por si te ha parecido que me he pasado de alegre (risas).

Hace casi un año que no dejo de repetir lo mismo: “ki o tsukete kudasai!” (気をつけてください!) – cuidaos mucho, por favor.

5 comentarios en “La felicidad existe, ¿tú te la crees?

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