mar rojo atardecer

Cuando la mente se evade: recuerdos, pasado y futuro

Este blog se ha convertido en un lugar de lo más versátil. Lo mismo te digo que tengo un aceite para el pelo nuevo que me encanta, que te hablo de bikinis porque alguien me lo pide o te cuento cómo llevamos el confinamiento o lo que sea de la vida. Hoy, viendo fotos, me he acordado del último día que J. y yo pasamos en la playa. Fue en el Mar Rojo, en Áqaba. Y me ha apetecido escribir sobre ello. Sobre entonces y sobre ahora.

Puedo decir que el día que pasamos en Áqaba fue uno de los mejores del viaje a Jordania. De hecho, de haberlo sabido antes de planear la ruta no hubiéramos puesto un pie en el Mar Muerto y nos habríamos quedado allí un poco más. El día en Áqaba fue un día de calma, de paz, de descanso. Pasamos casi todo el tiempo a orillas del Mar Rojo, en la playa, y a lo lejos veíamos la costa de Egipto.

Cuando llegamos a la playa encontramos unas sombrillas y hamacas alejadas de la gente y allí nos instalamos. Fuimos y vinimos muchas veces del agua a la arena y de la arena al agua.

aqaba playa

¿Qué decir de las aguas del Mar Rojo? Que están calentitas. No como el Mar Muerto (gracias a los dioses, por otra parte) pero sí para llegar a ser muy agradables. Adentrándonos solo unos pasos en esas aguas azules y cristalinas y con unas gafas de snorkel nos encontramos con los corales del Mar Rojo. Habíamos leído mucho sobre ellos, y visto fotos, pero no hay nada que describa de una forma justa o se parezca en una foto o a lo que allí vimos en vivo y en directo. Los corales son espectaculares, impresionantes, increíbles. Llenos de peces grandes y pequeños y con unos colores que nunca jamás habíamos visto antes.

Con la cabeza bajo el agua no podíamos parar de señalarnos el uno al otro cada nuevo descubrimiento con el dedo, y no queríamos volver a la toalla. Cuando anocheció y llegó el atardecer, que nos pilló en la terraza del hotel, no quisimos que terminara nunca. Mirad, sin filtros.

atardecer mar rojo

Y el viaje pasó y quedó atrás. Y después llegó el invierno a Madrid, y a finales de año viajamos a Japón y fue maravilloso. Llegó el 2020 y todo parecía normal. Hasta que llegó el caos, se conoció en el mundo que todo estaba cambiando y esos dos últimos viajes empezaron a quedar atrás, cada vez más lejos. Ahora se ven como algo muy remoto, en el espacio y en el tiempo. Algunas imágenes de todos estos lugares que hemos conocido empiezan a parecer más un dibujo que tenemos en la cabeza que algo que de verdad pasó.

dibujo aqaba

Me pregunto, a veces, cuándo podremos volver a coger una avión sin miedo y no encuentro la respuesta. Sigo intentando no obsesionarme con los cambios que aparecen en estudios científicos, redes, noticias, y cada vez creo que se sabe menos, que la información se nos da con más cuentagotas, que no estamos en la realidad.

Dicen que el domingo llega la tan esperada por muchos “nueva normalidad”. La que nos va a llevar a ser casi los que éramos. No me gusta la nomenclatura que han elegido y vuelvo a repetirme que creo que no quiero esa nueva normalidad impostada.

Intento no quejarme, ni con los demás ni dentro de mi cabeza, pero qué difícil es. Intento reírme, hacer chistes de todo, no preocuparme ni enfadarme por los que han perdido el norte con los microchips, el 5G y llaman a la mascarila bozal, sus razones tendrán, pero a veces no me sale.

Intento con todas mis fuerzas centrarme en el aquí y el ahora, no pensar más allá de lo que pasará cada día con su noche correspondiente, pero a veces la mente se evade y me encuentro divagando en posibles futuros que no me ilusionan demasiado. Y aparto esos pensamientos de mi cabeza, cojo el móvil y empiezo a ver fotos de días felices en sitios felices. A veces me sirve. A veces no. Pero no voy a dejar de hacerlo.

Tenemos ya tantos viajes planeados en la lista que no sé si tendremos vida para todos. Quiero creer que sí, que algún día todo esto terminará, y que todos estaréis bien, todos estaremos bien. Todos podréis tener planes sin tener miedo de llevarlos a cabo, dejaremos de discutir por quién sabe más de algo y quién tiene la razón. Dejaremos de creernos más listos que los demás.

Y para terminar, vuelvo a pediros muy fuertemente:  “ki o tsukete kudasai!” (気をつけてください!) – cuidaos mucho, por favor.

 

 

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