Recupero este día a modo de diario de viaje. Me da pena que el relato se quede solo en Facebook.
Día 7 del mes 11 del año 30 de la Era Heisei.
Muy temprano nos vamos a la estación de Fukui a buscar el bus que nos llevará al Templo Eiheiji.
A las 8:15 ya estamos en la puerta de la oficina de información turística de la estación y vemos que no abren hasta las 8:30. Decidimos esperar en la puerta a que abran porque necesitamos horarios e indicaciones para todo el día, desconocemos el terreno. La señora que está dentro preparando su día laborable nos ve y decide atendernos antes. Abre la puerta de la oficina con una sonrisa y nos invita a entrar (empieza a atender al público antes de su hora).
Esto en otros países es impensable. Le damos las gracias cien veces porque además del detalle de atendernos fuera de hora nos da más información de la que esperábamos y todo esto diciendo que no nos preocupemos, que está encantada de ayudarnos. Salimos con un montón de folletos con horarios subrayados en rosa por ella y un montón de información de paradas varias de buses e itinerarios.

Encontrarse con el Templo Eiheiji resulta impresionante. Los colores de los árboles, la magnitud de los edificios, el silencio… Es un templo Budista, de la Escuela Zoto, y se comoce como el Templo de la Eterna Paz. Paz es lo que allí se siente, de una forma infinita. Al recorrerlo nos cruzamos con monjes haciendo sus tareas en silencio, algunos nos saludan, otros nos hacen reverencias. Vemos una ceremonia budista en un pabellón. Para recorrer el Templo hay que descalzarse.
Al salir decido que este es mi Templo favorito de Japón. Y eso es mucho decir.
Cogemos otro bus y salimos camino de el Castillo Maruoka. El Maruoka es uno de los doce Castillos originales de Japón, uno de los nunca destruidos. Desde fuera su torre se ve como una torre de dos alturas, por dentro tiene tres.

La leyenda dice que cada vez que un enemigo se acerca al Castillo, aparece una niebla espesa y el Castillo se oculta en ella…

Las escaleras de subida de la torre por dentro dan mucho respeto, tanto que casi no bajo y me quedo allí para siempre. Ha sido divertido al final ir agarrando cuerdas y llevar tanto cuidado, eso sí, divertido al llegar abajo, durante la bajada no tanto.
Y para terminar el día, y cogiendo otro autobús, hemos ido a Tojinbo, el acantilado más impresionante de Japón. En Tojinbo hemos visto el atardecer (sí, voy cazando atardeceres por la vida) y, aunque estaba nublado, las nubes se han pintado de un color rojo fuego en algunas zonas y los colores de todo el acantilado han sido espectaculares.

Como hacía frío al borde del mar de Japón y hoy íbamos sin nada de abrigo nos hemos comprado en una tienda de allí dos sudaderas negras iguales con la inscripción en japonés «gakeppuchi», que viene a significar «estar al borde» (del acantilado). Cuando nos íbamos de vuelta al último autobús una chica se nos ha acercado y nos ha dicho que ella era la diseñadora de las sudaderas y nos ha pedido por favor hacernos unas fotos con ellas puestas. Hemos posado muertos de risa. Ya nos veo en un catálogo japonés de sudaderas.

Mañana a las 5:30 de la mañana nos levantamos, tenemos que encadenar cinco trenes para llegar a un sendero en las montaña. Estos días de destinos desconocidos y remotos son como una Gymkana de la vida real a gran escala. Espero que mañana volvamos a superar todas las pruebas
