Por qué no creo en el bloqueo lector

Creo que nos pasa a muchos; a finales de agosto, cuando vemos que septiembre está a la vuelta de la esquina, sufrimos un reseteo interno inevitable. Es como empezar el año, pero mejor.

A mí ya no me da por crear listas de cosas que quiero hacer y que no cumpliré, ¿para qué? Mejor tener las metas claras interiorizadas y, si no se puede, no se puede. Nada de fustigarnos con esa dieta que no se completa, ese deporte que no se lleva tan a rajatabla como se esperaba y, mucho menos, nada de castigarnos con cosas como: ¡tengo mucho que leer!

Para mí leer siempre ha sido, es y será un placer. No estoy de acuerdo con aquellos que opinan que hay que elegir libros profundísimos, cargados de hondas reflexiones, que te hagan meditar grandes cuestionas durante horas, darle la vuelta a tus ideas… Para nada.

Y es que soy fanática de la lieratura como diversión, como compañera, como entretenimiento, asidua a leer porque me gusta, porque me divierte, porque lo paso bien. Necesito y quiero leer cuando quiera, lecturas que me gusten y solo si me apetece.

Tal vez por eso no creo en lo que ahora llaman “bloqueos lectores”. De hecho, la primera vez que leí ese término me quedé durante minutos divagando, intentando imaginar a qué se referían. No lo entendía. Ahora sé a qué se refieren, pero sigo sin poder comprender cómo sucede.

¿Puede alguien bloquearse al leer? ¿Puede alguien dejar de tener amor por la lectura? No lo concibo, perdonadme. Tal vez sea gente que ha errado el camino hacia las letras al tomarlo más como algo que hacer de cara a la galería, compartiendo fotos de portadas de libros más que sumergiéndose en sus páginas, encerrilados en querer dejar una crítica original (que, por supuesto, incluya algo malo del libro, que si no la crítica les parece incompleta, aunque les haya encantado, ojo).

Y yo, así, no juego. Llamadme perezosa, pero si la historia no me engancha la abandono, le digo adiós y cojo otra. Normalmente sé elegir lo que leo, sé lo que me gusta y lo que no, pero a veces me equivoco y no pasa nada, no voy a terminar un libro decepcionante (opinión personal) o que me aburra.

Tengo una lista mental de libros que quiero leer, pero no tengo prisa. Sí que tengo ganas y, probablemente, en septiembre tendré menos tiempo, que vuelve el colegio, los peques, la vida se mueve más, pero no voy a dejar que los libros se alejen de mí.

De paso voy a seguir creando mis propias historias, imaginando personajes, trazando sus vidas, creando conflictos para ellos y buscándoles soluciones. Y disfrutando, porque mira que es divertido escribir, no sé si más o igual que leer.

Dicen que quien lee vive más, disfruta de más vidas, desarrolla más imaginación. No sé si es verdad, si sé que no podría vivir sin leer y sin escribir.

Leer no es un reto, leer no es una carrera en la que debas ganar, no es acumular libros solo por hacerte una foto con ellos, para luego pasarles la vista por encima a algunas de sus páginas en diagonal, no llegar al fondo y, encima, obligarte a tener siempre algo que opinar. Sí es olvidarte del tiempo, del espacio, de la realidad y hasta de ti mismo. No tengo nada en contra de las fotos, ojo, me encanta ver mis novelas recorriendo el mundo. Sí me parece bien, y hasta bonito, hacerte una foto con ese libro que has amado, valorado, con el que te has divertido, que te ha hecho evadirte y te ha acompañado durante tantas horas, días, a veces semanas y meses.

Si todavía no has leído ninguna de mis novelas, te recuerdo que tengo dos. Las dos son de amor, pero un amor real, no idealizado, demasiado romántico ni con apegos negativos. En las dos la amistad es fundamental y, dicen los lectores que sucede algo con ambas: alegría de vivir.

Aquí tenéis: Sol de julio
Y aquí está: Espérame en Weimar

Os deseo un feliz septiembre cargado de lecturas divertidas, que seáis muy felices y que tengáis un buen comienzo de curso nuevo.

Y, por favor, como llevo pidiendo desde hace año y medio: “ki o tsukete kudasai!” (気をつけてください!) – cuidaos mucho, por favor.

2 pensamientos en “Por qué no creo en el bloqueo lector

  1. Irene

    “Hay un libro para cada lector y un lector para cada libro”, dicen los bibliotecarios y yo lo suscribo. Leer por obligación es masoquismo e imponerse determinados libros sesudos ya llega al harakiri. Me gustó mucho el artículo. Saludos.

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