Prometo que algún día podré poner una foto en el blog en la que salga yo misma haciendo Yôga (o no), pero por ahora mis avances son tan pequeños que mejor no lo hago, porque no hay necesidad de verme intentando perfeccionar un āsana, por ahora no. Hoy quería contaros cuales son, dentro de los beneficios del Yôga generales teóricos, los beneficios que voy notando después de haber retomado la práctica tras años de parón. Los beneficios reales que noto en mí.

Voy a practicar yoga con un instructor cada semana el miércoles, voy con mi amiga Vicky, y las dos, desde que amanece el día en el que vamos a practicar lo enfrentamos de otra forma. Lo llamamos nuestro día Zen. Los miércoles son nuestro día de contacto con nostras mismas, de intentar que lo que nos rodea nos afecte sólo en su justa medida. El día que intentamos que nadie nos rompa la calma. Muchas veces lo conseguimos.

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Puedo confirma que el Yôga es una de esas disciplinas que te enganchan desde la primera práctica, y es que crea unas sensaciones físicas y mentales durante y después de la práctica increíbles. Estiramos el cuerpo, entramos en contacto con él, lo desbloqueamos y también relajamos la mente y practicamos la concentración, algo muy necesario hoy día.

No hace falta ser flexible para hacer Yôga, la flexibilidad se va desarrollando con cada práctica. Y los avances se van notando poco a poco y de forma real y tangible. Los míos son pequeños, pero ilusionantes.

La toma de conciencia corporal que se logra con la práctica del Yôga en cada postura nos hace lograr desconectar de lo que hay fuera y nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos. Notas entonces tanquilidad, calma, y que controlas tu cuerpo y mente. Incluso ayuda a gestionar las emociones.

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En mi caso, el día que practico Yôga duermo mejor y me enfrento a la vida de una forma más positiva. Para mí suele ser un buen día, cada miércoles zen, al salir de la clase de yoga siento que voy en una nube. Y ojo, muchas veces al día siguiente tengo muchas agujetas, en músculos di, ferentes del cuerpo dependiendo de cómo haya sido la sesión. Pero son agujetas agradables, no sabría explicar esto.

Por último, y muy importante, ha dejado de dolerme la espalda. Hace años que sufro de dolores en las lumbares, o sufría, debo decir, y cuando llevaba aproximadamente dos meses de práctica de Yôga, me fijé en que estos dolores habían desaparecido. Para mí esto ha sido casi mágico.

El Yôga que practico con mi amiga es Swásthya Yôga, y como dice mi instructor “utiliza el principio filosófico del desarrollo a través del placer, la sensorialidad, la capacidad de concentración y la meditación”. Doy fé de que es todo cierto. Si estáis en Madrid aquí está la web de Roberto Azebedo, mi instructor de Yôga. Es genial.

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ladychena

Actriz, profesora de música y teatro, curiosa profesional de la moda y amante de las cosas bonitas. Me encanta escribir de todo a todas horas (o casi), leer mucho, y sobre todo, viajar y viajar sin parar para conocer cada rincón del mundo. La música, el teatro y el arte me alegran la vida. Y los libros. Siempre libros. Muchos libros.
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