Tengo migraña desde que era una niña. La primera vez que me dio un “dolor de cabeza” tenía diez años.

¿Qué es la migraña?

No es un simple “dolor de cabeza”, al menos no uno suave y esporádico, como los que provoca, por ejemplo, un catarro. Se puede definir la migraña como un dolor de cabeza constante, palpitante y pulsante que puede sentirse en las sienes, así como en el frente o la parte posterior de un lado de la cabeza. Muchas de las personas que padecen migraña, además, sufen estos síntomas con mucha frecuencia y saben con antelación cuando van a tener una crisis aguda.

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Mi primera migraña:

Me acuerdo perfectamente de mi primera migraña porque estaba de excursión con mi clase de quinto curso del colegio y a mitad de la tarde me empezó a doler la cabeza. Era algo nuevo para mí y no presté atención, pero cada vez me dolió más y cuando llegamos a casa, que ya era de noche, lloré al ver a mis padres porque no podía soportar más cómo me dolía. Mis padres me llevaron a casa y mi padre, que sufría migraña también desde muy pequeño, me dio una pastilla (no sé cuál) y me dejó tumbada a oscuras con un paño de agua muy fría en la cabeza. Me calmó y se quedó conmigo hasta que se me pasó. Se me quitó y me dormí con un sueño muy profundo.

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Lo que quería contaros aquí, por si a alguien puede ayudar, es que es posible vivir con migraña, y vivir más o menos bien si sigues un tratamiento. Y contarlo desde mi propia experiencia de más de 30 años sufriendo migrañas con intensidades y periodicidad de todo tipo.

Desde aquel primer episodio los dolores de cabeza son algo que siempre han estado en mi vida. En mi caso son dolores punzantes en una sien, casi siempre la izquierda. Dependiendo de lo fuertes que sean puedo convivir con ellos y hacer una vida casi normal (medicándome) o me hacen acabar vomitando, con dolor de oído, de ojo, de cuello, y con una sensación de importencia insufrible.

No fue hasta los veintiseis años cuando alguien me contó que los neurólogos eran los especialistas en migraña. Ahí me enteré de que hay especialistas en esta enfermedad y pedí mi primera cita, sin mucha esperanza. Mi primer neurólogo era un señor mayor con mucha experiencia que, tras hacerme el test pertinente me dijo que yo tenía una enfermedad, que esa enfermedad se llama migraña y que no tiene cura pero sí tratamiento. Y desde entonces sigo tratamientos para la migraña que alterno con descansos, y puedo vivir casi como si fuera alguien completamente sano.

Digo “casi” porque sé que hay varias situaciones o circunstancias que, sí o sí, con o sin tratamiento, me pueden provocar una crisis y que tengo que intentar evitar. Por ejemplo, las emociones fuertes, ya sean buenas o malas me las provocan, el comer poco, el dormir mal y hasta dormir mucho. Un susto me conlleva una migraña segura, un enfado muy grande también, incluso un momento de felicidad absoluta puede llevarme a ella. Así que, a veces, por mucho que quiera evitarlas no puedo no tenerlas.

Ahora tengo una neuróloga nueva, básicamente cambié porque la nueva tenía la consulta más cerca, y fue un acierto porque en cada consulta me dedica más tiempo y se molesta en explicarme muchas cosas. Además, cada cierto tiempo me hace una resonancia magnética para asegurarse de que los dolores de cabeza siguen siendo provocados por la migraña. Con ella he aprendido que mi migraña se califica de “migraña tensional” y que el estrés hace que empeoren mis síntomas de una forma brutal.

La primera vez que fui a mi neuróloga fue en un periodo de descanso que descuidé y alargué en el tiempo, ya sabéis, en plan “tengo que ir a revisión”, pero lo iba dejando, no iba. Una semana resultó que estuve cinco días seguidos, mañana, tarde y noche con dolor de cabeza, eran dolores bastante fuertes y además, al ser tan constantes, el último día era totalmente insoportable y acabé en urgencias, donde me inyectaron analgésicos y me metieron en una habitación a oscuras con oxígeno. Se me quitó y me mandaron a la neuróloga de cabeza, nunca mejor dicho.

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Las tres preguntas fundamentales que has de hacerte para saber si tienes migraña son las siguientes:

-¿Ha limitado un dolor de cabeza tu actividad normal durante un día o más en los últimos tres meses? Es suficiente con que tengas que cambiar una sola cosa de las que sueles hacer habitualmente, como dejar de subir una escalera.
-¿Has tenido náuseas o malestar estomacal con algún dolor de cabeza? Esto es muy clarificador.
-¿La luz te molesta cuando tienes dolor de cabeza? Si lo has pasado, reconoces esta pregunta.

Si respondes que sí a dos preguntas es muy probable que tú también sufras de migraña. No deberías aguantar los dolores, no solo por el estrés al que sometes a tu cuerpo, también porque seguro que estás tomando un montón de analgésicos que, poco a poco, van perdiendo su efecto y que acaban siendo perjudiciales para el cuerpo. Cada vez que te duele la cabeza necesitas más dosis. En vez de una sola pastilla de Ibuprofeno 600 necesitas dos de inicio, y ni así se te quita. Un gramo de paracetamol es para ti como un caramelo, sabes que el dolor se irá cuando le de la gana, no por las pastillas.

Medicación preventiva:

Los tratamientos suelen consistir en medicación temporal preventiva, en mi caso una o dos pastillas por la noche, para evitar que duela la cabeza. La medicación normalmente se toma unos meses y después se descansa otro número de meses y en ese periodo de tiempo, aunque no tomes nada, sigue haciendo efecto el tratamiento, los efectos se alargan en el tiempo.

Cuando empiezo el tratamiento preventivo, si estoy en una época de muchos dolores, suele tardar unas dos/tres semanas en empezar a hacer efecto. Lo sé porque los migrañosos tenemos un calendario de dolores en el que vamos apuntando qué día duele la cabeza, a qué hora empieza, qué tomamos para que remita y a qué hora temina. Las primeras semanas casi no se nota efecto en el tratamiento. Después se va notando la mejoría poco a poco. En mi caso paso de tener cuatro/cinco dolores semanales a tener dos.

Cada dos meses, en mi caso, voy viendo a la doctora que decide si me sube, mantiene o baja la dosis de medicación preventiva. Recuerdo una vez que llegué feliz a la consulta y le dije a la neuróloga que estaba genial, que sólo tenía dos dolores de cabeza a la semana. Ella me explicó que eso se consideraba que era tener muchos episodios a la semana, y logró ajustarme la medicación hasta que bajé a tener solo un dolor a la semana.

Te recomiendo, de verdad, que si tienes oportunidad logres ver a un neurólogo/a. En mi caso mi doctora tiene hasta cuatro tratamientos preventivos que ha aplicado conmigo diferentes (no sé si hay más), y que cambia según el efecto que tienen sobre el dolor y sobre mí, porque algunos tratamientos me han hecho tener efectos secundarios, uno me hizo tener pesadillas aunque al principio me iba bien, otro me daban demasiado sueño, y otro me abría el apetito. Ahora no tengo ningún efecto secundario, estoy en un periodo previo al abandono del tratamiento y puedo decir con mucha alegría que sólo tengo una o ninguna crisis de migraña a la semana. Esto para mí, que viví con cuatro/cinco dolores semanales durante años, muchos agudos, es como un sueño.

Crisis aguda:

La crisis aguda es esa en la que no puedes seguir con tu vida y casi no puedes ser un ser humano. Te ves obligado a encerrarte en una habitación a oscuras. Te molestan la luz, el sonido (incluso sonidos muy suaves) y hasta los olores. En estas crisis agudas es probable que tengas nauseas, vomites y que te marees y que pienses que no vas a volver a levantarte de la cama. Un solo movimiento de tu cuerpo hace que la palpitación dolorosa que notas en la sien aumente de ritmo y, por lo tanto duela más. Si es un día malo te dolerán los dos lados de la cabeza y no sabrás ni cómo colocarte sobre la almohada. Al menos estos son mis síntomas.

Hay tratamientos para la crisis aguda que van más allá del paracetamol, ibuprofeno o naxopreno, palabra. Hay crisis de migraña, las agudas normalmente, en las que esos medicamentos no sirven pero sí puedes mejorar mucho con la pastilla correcta y esto es algo muy importante. Porque cuando notas que vienen la migraña (y lo notas, te avisa siempre) y sabes que va a ser de las de 9 (las clasifico según el dolor de 1-10) tener algo que va a hacer que puedas seguir con una vida normal es muy importante, algo que te deje estar en una habitación con luz, que te permita saber que vas a poder seguir hablando con la gente, y a lo mejor hasta viendo una serie o siendo una persona normal que no vomita y ve luces. Tener esa opción y saber que esa pastilla funciona en un 90% de los casos es muy esperanzador.

Aura:

Lo del aura de migraña puede dar un poco de miedo, hasta que te acostumbras y la reconoces. Hay gente que ve luces (yo veo luces a veces), otros sienten que no pueden hablar bien o contestar a preguntas simples, hay quien se marea, otros huelen cosas que no están allí y hasta conozco a una persona que ha llegado a tener un aura que fue así, la detallo porque es el aura más curiosa que he conocido:  empezó a ver un círculo de ruido estático (como una televisión antigua) fue aumentando poco a poco, pasó a ser como un donut y creció, creció hasta desaparecer, después tuvo un dolor de cabeza enorme y tras hacerle muchas pruebas, ese día en urgencias lo diagnosticaron con migraña.

Los remedios naturales:

Para mí lo único que funciona es la química. Creed que lo he probado todo. Ya sé cómo funciona mi cuerpo y sé que tomar tila, intentar relajarme, tomar alguna hierba o agujerearme la oreja no me sirven. Una vez, lo confieso, fui a un “magufo”, antes de descubrir a los neurólogos. Estaba desesperada. Debería haberme escamado cuando me dijo que mi migraña no era heredada, porque alguien que te quiere no te deja algo así en herencia. Aun así le hice caso, me tomé lo que me indicó y fue como tirar el dinero a la basura, en su “consulta” y en sus “remedios”. Para mí no hay nada como la lógica, una buena alimentación, intentar hacer algo de ejercicio y medicarme.

 Incomprensión de los demás:

Todavía hoy en día hay quien no entiende lo que es la migraña y cree que los que la padecemos exageramos, que los que dicen tener migraña faltan al trabajo por gusto, que la ponen como excusa porque sí y cosas así. Hay quien piensa que el irse de una reunión social con la migraña como justificación es una excusa, o quien está seguro de que no es para tanto. Los que la padecemos tenemos que vivir con eso y con nuestra cabeza, con lo que la incomprensión suele ser un mal menor. Por mi parte estoy acostumbrada.

Creo además que tengo suerte, porque recuerdo las crisis de mi padre, cuando no había tratamientos preventivos ni existía la medicación específica para las crisis, y las suyas eran algo muy fuerte y triste. Para mí era normal verlo así a menudo, resignado con sus “jaquecas”, encerrado a oscuras y además pensando que no era para tanto porque tenía un conocido que tenía el doble de dolores en el tiempo que él.

Así que, repito, buscad tratamiento porque lo hay, y no dejéis que la mitad de vuestra vida o más se vea empañada por un aura avisadora de dolor insoportable, ni de ese dolor.

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ladychena

Actriz, profesora de música y teatro, curiosa profesional de la moda y amante de las cosas bonitas. Me encanta escribir de todo a todas horas (o casi), leer mucho, y sobre todo, viajar y viajar sin parar para conocer cada rincón del mundo. La música, el teatro y el arte me alegran la vida. Y los libros. Siempre libros. Muchos libros.
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