Hoy os voy a contar cómo viví un rato de mi tarde ayer en una tienda Women’secret de Madrid. Una historia trivial como tantas otras, pero que me hizo pensar un poco en cómo nos hemos acostrumbrado a que nos traten mal a los clientes (en sitios varios en Madrid), y lo injusto que es humana y profesionalmente.

Parto de la base de saber que la mayoría de los dependientes de tiendas de ropas, camareros o trabajadores de empresas de cara al público están con sueldos muy por debajo de lo que deberían tener, con muchas horas trabajadas de más y, por lo tanto, una mala leche que se le mete en las entrañas con la que no pueden más. Pero, a pesar de eso, creo que no es disculpable que en muchas de las ocasiones tengan un trato tan poco correcto con la gente.

En mitad de mi tarde hago una parada en Women’secret -La Vaguada, Madrid.

women secret atencion cliente

Como estamos en rebajas y periodo de estrés en las tiendas, decidí hacer un pedido online a Women’secret pidiendo tres cosas, para no tener que esperar las colas para pagar ni tener que andar rebuscando tallas imposibles en la tienda.

Pido además recoger el pedido en tienda física, para no esperar al mensajero en casa (de los mensajeros en España podemos hablar otro día largo y tendido).

Así que llego a la tienda, veo a una chica en el fondo de los probadores medio desocupada, y allá que me acerco.

Mientras paso para el fondo del probador, una montaña de bragas, sujetadores pijamas y calcetines, que otra dependienta está recogiendo se nos viene encima. Yo podía haber pasado de la pobre chica y seguir mi camino, pero no. Me paro a ayudarla a recoger lo que se va al suelo; y era una montaña de ropa enorme, creedme. ¿Me miró? ¿Se molestó en darme las gracias? ¿Me lo agradeció con una mirada? NO. Fue como si yo fuera invisible. “De nada”, pensé. Y pensé que hay que ver qué maja era la chica (NO). “La próxima vez me dará igual que te veas enterrada entre prendas furiosas” me digo y le digo con mi mente, no sé si me oyó.

Sigo adelante, hablo con la otra chica, primero me coloco la sonrisa:

-¡Hola! (pausa- no contesta- me mira con cara de tú que c_ñ_ quieres) Vengo a recoger un pedido online. – Con la misma cara de seta enfadada me pregunta – ¿Se lo has dicho a mi compañera de la caja? – Respondo sonriendo – No, te lo he dicho a ti.

Entonces me dice, ¡regañándome! como si yo fuera una escolar de 8 años, que tengo que hacerme la cola de caja (interminable, estamos en rebajas) para que su compañera le diga a ella, cuando yo le de mi número de pedido, dónde está mi pedido. Y me pregunto entonces, que para qué hace uno un pedido online para ahorrar tiempo si no lo ahorras (porque de hecho, ya había perdido un rato con la muchacha atacada por bragas y con ella, había perdido tiempo precioso de cola).

En fin, que tras hacer pacientemente la fila, cuando estoy a punto de llegar a la caja, se acerca la misma chica y a grito pelado me hace dar mi número de pedido desde la fila. Resulta que, a pesar de la cola, HAY SOLO UNA CAJA QUE ESTÁN UTILIZANDO y ella podía utilizar la que está libre para darme mi pedido. En fin, la espera era para nada…

Se lo tengo que gritar dos veces, porque la primera se equivoca al meterlo en la máquina. No creáis que cuando se equivoca es algo así como -sonrisa- “perdona, me he equivocado al meter el número, me lo repites, ¿por favor?”. No, en realidad me mira como si la estuviera molestando más, y me dice un seco: “repítelo”. “¡A sus órdenes!” casi le digo ya acongojada (en realidad no me acongojé, pero queda más vívido si lo digo así).

Por fin, después de otro ratito, corto esta vez, encuentra mi pedido. Me dice “firma aquí” (¿Añade “por favor”? No, qué va, para qué…) y me da mi bolsa.

Huyo de allí preguntándome qué le he hecho yo a esas muchachas para que me traten así de mal y sean tan poco amables conmigo. Luego pienso que la próxima vez debería ser yo más borde. Pero cuando llega el momento no me sale y no me puedo poner a su altura.

Muchacha, si llegaras a leerme, créeme, con una sonrisa, un “por favor” y un “gracias” tienes al cliente contento, sobre todo si es un cliente pacífico, como yo lo soy, que llega sonriendo y de buen rollo pidiendo las cosas con educación y saludando. Vamos ¡digo yo! Y también he trabajado de cara al público y sé de lo que hablo.

Continúo mi camino y me dirijo a… bueno, como llevo ya un post muy largo, otro día sigo con el resto de la tarde y mis aventuras en la mala atención en muchas tiendas y locales varios de Madrid. Creo que voy a hacer una categoría en el blog, porque el tema lo merece.

PD: me habría gustado mucho más hacer un vídeo en Instagram con las prendas que compré y tal vez algún post chulo hablando bien de las rebajas de la tienda… ains…

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ladychena

Actriz, profesora de música y teatro, curiosa profesional de la moda y amante de las cosas bonitas. Me encanta escribir de todo a todas horas (o casi), leer mucho, y sobre todo, viajar y viajar sin parar para conocer cada rincón del mundo. La música, el teatro y el arte me alegran la vida. Y los libros. Siempre libros. Muchos libros.
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