Hace ya un par de semanas que mis uñas están un poco raras, más débiles, se rompen con más facilidad y además se resquebrajan todo el rato. Da igual lo que me las corte o me las lime, en cuanto crecen un poquito empiezan otra vez a resquebrajarse. Y eso que estoy descansando del esmalte, por si pintarlas tanto tenía algo que ver. Tras hablar con algunas amigas, adictas a los esmaltes como yo, nos hemos dado cuenta de que estamos todas igual.

Primero pensamos que sería alguna marca de esmaltes no muy buena, pero parece que el problema (he investigado mucho – en google- como buena blogger de moda que soy) no son los esmaltes, el problema son los quitaesmaltes, porque suelen tener demasiada acetona, y, porque nos guste o no, son agresivos para nuestras uñas.

En primer lugar, para arreglar este problema, debes buscar un quita esmaltes que tenga lanolina. La lanolina es una cera natural producida por las glándulas de algunos mamíferos, sobre todo de las ovejas. Se absorve fácilmente por la piel humana, a la que suaviza, y protegerá tus uñas y ayudará a su hidratación.

Como remedio casero además, puedes probar a mezclar dos cucharadas de aceite de almendras con dos cucharadas de aceite de oliva. Lo ideal es mezclar los aceites en un recipiente limpio, que tenga tapa, y cuando tengas una mezcla homogénea puedes aplicar la mezcla. Para ello empapa un algodón y pásalo sobre todo los dedos de las manos. Cinco minutos después, retíralo con un pañuelo de papel desechable. Realizar este ritual de belleza tres noches por semana es lo ideal, y en poco tiempo tus uñas irán volviendo a su estado natural y dejarán de resquebrajarse.

Eso sí, no olvides dejarlas respirar de vez en cuando, no maquillarlas siempre, y recordar cosas tan obvias como que no debemos usar las uñas como herramientas, es decir, nada de usarlas para quitar etiquetas, abrir grapas y cosas así, ya que se debilitan y hasta se rompen en tareas tan cotidianas como estas, ni dejarlas mucho rato sumergidas en agua.