Y lo digo sin tapujos, gorda, la palabra tal cual, porque podría decir gordita, rellenita o fuertecita (como en South Park) pero no, esta chica está gorda y eso me encanta. No hay que estigmatizar las palabras. Me encanta que teniendo un peso por encima del que se supone que es el ideal Tara Lynn sea como es, y la podamos ver en revistas y editoriales como la vemos en Elle Francia, con una camiseta de encaje y un culote y orgullosa de su cuerpo. “Kilitos de más”, podríamos decir, pero mejor contamos que tiene una talla 48, y que con esa talla 48 se está comiendo el mundo, lo que demuestra que muchas veces (la mayoría) lo importante es la actitud. A ella le da igual lo que a otras modelos obsesiona:

Tara Lynn-02

No me peso nunca, no me interesa – Tara Lynn (traducción libre)

Y además asegura que hay cosas, como los vaqueros ajustados, que son para chicas como ella, con su cuerpo, porque “un vaquero apretado sólo tiene sentido cuando tienes trasero”. Cuánta razón tiene… Basta ya de señalar a las chicas gordas y hacerlas sentirse mal, basta ya de potenciar esos cuerpos que son más huesos que otra cosa para las pasarelas. La belleza es algo subjetivo, así que lo de belleza real no existe (aunque en Dove se lo quieran inventar) la belleza es lo que cada uno quiere ser y cómo cada uno se ve. Y Tara se ve guapa y, por lo tanto, la vemos guapa. Desde hoy me hago más fan suya, porque lo de que no sabe cuanto pesa porque le da lo mismo es glorioso. Eso sí, pediría a las marcas que, por favor, hagan posible que las chicas con la talla 48 y similares, puedan encontrar ropa en las tiendas sin sentirse mal. Quién no ha oído alguna vez a una depedienta petarda de inditex decir a una chica como Tara algo parecido a esto: “no, sólo tenemos hasta la talla 42″. Y decirlo de forma agresiva. Tara, nos inspiras. Me alegro tanto de que haya mujeres como ella… en 2010 ya fue portada de Elle, os dejo algunas fotos de esta editoria y de la del 2010.

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ladychena

Actriz, profesora de música y teatro y amante de la moda. Me encanta escribir de todo a todas horas (o casi), leer, y sobre todo, viajar sin parar para conocer cada rincón del mundo.
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